Cuando no se quiere trabajar por las personas, nada importa. Y no se preocupan por saber qué necesitan.
En la accesibilidad de los espacios públicos muchas cosas son importantes. El cuidado de la vegetación es imprescindible para evitar que invada los itinerarios peatonales accesibles.
Nos hemos cansado de decir, una y otra vez, que las fachadas son las guías para las personas ciegas y sordociegas en su caminar por las ciudades y que no solo deben estar libres de obstáculos, sino también debe cuidarse que no invada su espacio.
¿Alguna vez te has dado contra una palmera en la cara? ¿Sabes lo que duele si te da en un ojo?
Eso le pasó al ciego de la foto. No solo sufrió el dolor por el encontronazo…, también el susto. No sabía qué pasaba… Qué era eso que encontraba.
Aunque parezca mentira, acostumbrado a las inclemencias de una ciudad que no los ampara, dijo : «menos mal que si me saca un ojo no pasa nada, porque los tengo de adorno».
Me gustaría saber qué le han hecho estos chicos, a los que tienen la obligación de atenderlos. Me gustaría decirles que podrían ser sus hijos…
Afortunadamente ha crecido y ya solo le duele, físicamente, cuando se da contra los mil obstáculos que encuentra en Santa Cruz. Ya no se lamenta… El ejercicio de la resignación, ante el maltrato del que es objeto, le lleva a sacar el chiste fácil que le ayuda a vivir.
Y cuando le veo la cara marcada por las hojas de las palmeras, las piernas con los moratones de darse contra los coches mal aparcados, los costados enrojecidos por los golpes contra las papeleras adosadas a las paredes, las pizarras con los menús en los restaurantes, los expositores que sacan a la calle… Cuando veo en su cuerpo las huellas de la desfachatez y la poca vergüenza de quien no mueve ficha por ellos, solo puedo admirarlo por su coraje.
Y después de no encontrar respuesta a la pregunta de por qué no trabajan absolutamente nada por las personas con discapacidad, solo puedo decir muy alto que estoy convencida de que no lo hacen porque no quieren…, y eso es no sólo de malos gestores, también es de malas personas.
A él ya no le duele…A mi cada vez me más… Y no sólo como miembro de Queremos Movernos… Me duele como madre.
Ana Mengíbar
Queremos Movernos




























